El experimento de Minnesota

En el siguiente texto podrás ver las consecuencias que tiene una baja de peso demasiada brusca, algo de gran interés en deportes por categoría de peso.

El “Experimento de inanición de Minnesota” es uno de los estudios más relevantes que se han llevado a cabo para observar la inanición y sus efectos fisiológicos y psicológicos. Observar como se llevó a cabo y los hechos que tuvieron lugar, es útil para comprender como afectan dietas excesivamente restrictivas a nuestra salud general, desde diferentes planos.

Este experimento, tuvo lugar en la Universidad de Minnesota entre noviembre de 1944 y diciembre de 1945. Fue ideado por Ancel Keys (conocido investigador) y su objetivo era observar como se veían afectados los civiles por la hambruna durante la II Guerra Mundial y como llevar a cabo una adecuada recuperación tras este periodo de hambre extrema. Para ello, propuso someter a sujetos a un proceso de semi-inanición, para después alimentarles de nuevo.

Los resultados del estudio se publicarían en 1950 en un libro de 1385 páginas, titulado The Biology of Human Starvation. Siendo la única fuente de información de un hecho que no se había estudiado hasta entonces.

Para llevar a cabo el estudio, se eligieron 36 sujetos sanos, que se ofrecieron voluntariamente y eran objetores de conciencia, pertenecientes al Servicio Público Civil (CPS).

El objetivo principal del estudio era observar los efectos físicos y mentales de la inanición en hombres sanos, observándoles primero en condiciones normales, sometiéndoles a la inanición y rehabilitándoles posteriormente.

El estudio se dividió en 3 partes:

  • En primer lugar, se llevaron a cabo 3 meses con un aporte energético diario de unas 3200 kcal.
  • Después, 6 meses de semi-inanición con un aporte de 1800 kcal/día, consumiendo los alimentos a los que se tenía acceso en las zonas en guerra: patata, pan, pasta…
  • En los últimos 3 meses, se aportaba una dieta de rehabilitación con 4 grupos de energía diferentes y dentro de estos, a su vez, diferentes cantidades de proteína y micronutrientes.

A los participantes se les asignaron diferentes tareas y trabajos durante el estudio. También se les requería hacer unos 35 km semanales, caminando o corriendo. Durante este tiempo, se les realizaban diferentes mediciones, como el peso, la talla, la fuerza y diferentes parámetros de salud y test de personalidad e inteligencia por parte de los psicólogos. Cada participante tenía que escribir un diario durante el estudio.

Se propuso como objetivo una pérdida del 25% del peso corporal durante el periodo de semi-inanición.

Durante la fase de semi-inanición, se observaron numerosos cambios en los participantes: estos se volvieron más irritables e impacientes con los demás, reportaron menos tolerancia al frío, experimentaron cansancio y dolor muscular y la concentración disminuyó. Comenzaron a obsesionarse con la comida, por ejemplo coleccionando libros de recetas (algunos de ellos). El interés por el sexo también disminuyó.

El periodo de rehabilitación fue el más duro para algunos de los participantes, principalmente porque el hambre no parecía remitir. Mientras que la apatía y el letargo fueron los primeros signos en recuperarse, la falta de apetito sexual y el cansancio tardaron más tiempo en mejorar.

Por último, cuando terminaron el estudio se les recomendó no comer en exceso, aunque podían comer libremente. Fue común sufrir atracones y comer compulsivamente hasta pasados varios meses. Los participantes se recuperaron completamente en un periodo entre 2 meses y 2 años tras el estudio y algunos ganaron bastante peso.

4 miembros fueron excluidos del estudio por comer a escondidas e incluso conseguir comida procedente de los cubos de basura.

Una de las principales conclusiones del estudio fue que de cara a la rehabilitación tras un periodo de hambruna, lo más importante es un aporte calórico elevado, siendo poco relevante la cantidad de proteína o de micronutrientes en la dieta si la ingesta calórica no es suficiente.

Gracias a los hechos observados en este estudio, podemos concluir que durante una fase de pérdida de grasa, siempre será más recomendable un déficit ligero alargado en el tiempo, que un déficit muy agresivo, así como una excesiva restricción de alimentos, que también implicará una mayor cantidad de efectos negativos en la salud física y mental.

Cuando se recurre a una restricción alimentaria excesiva, es habitual que se produzcan episodios de atracones posteriores. De ahí la importancia de llevar a cabo una buena preparación para la competición, evitando las pérdidas de peso rápidas y agresivas y el posterior “rebote”.

Muchos de los signos que se presentan en pacientes con TCA podrían deberse a los periodos de inanición, más que a la propia enfermedad.

Referencias:

Leah M. Kalm, Richard D. Semba, They Starved So That Others Be Better Fed: Remembering Ancel Keys and the Minnesota Experiment, The Journal of Nutrition, Volume 135, Issue 6, June 2005, Pages 1347–1352, https://doi.org/10.1093/jn/135.6.1347

Sobre el autor

Mario Moreno

Soy Mario Moreno, ayudo a personas con diferentes objetivos a mejorar su alimentación. Además, continúo formándome día tras día, ampliando los conocimientos de la formación oficial con numerosos recursos y fuentes de información.